jueves, 11 de julio de 2024

Buscando semillas forestales


Me habían contado que era posible encontrar semillas de Palo Santo y Hualtaco, en esta época del año (13 de junio de 2024). Esa información fue suficiente para coordinar una visita a la zona donde están estas especie en el Caserío el Mango.

En esta oportunidad los árboles del bosque estaban menos frondosos, algunas especies estaban perdiendo hojas, el pasto estaba totalmente seco. En esta oportunidad el clima tuvo compasión por nosotros, el día estaba fresco, nublado, hasta parecía que podría llover. 

Para suerte nuestra encontramos los árboles de Palo Santo con sus pequeños frutos, por nuestra falta de experiencia no sabíamos si estaban maduros como para usar las semillas o aun debíamos esperar, cosechamos algunos para ponerlos en sustrato y ver si germinan, sino habrá que volver en unos días. Todos los frutos pequeños y redondos tenían una mitad de color verde y la otra rojizo.

Los árboles de Hualtaco, no presentaban flores ni frutos, que mala suerte, por lo menos ya sabemos que en esta época no encontraremos material para propagarlos. 

El guía, Marcelino, no desaprovecho la oportunidad para buscar yuca de monte, es la raíz de una enredadera, un tubérculo muy apreciado por los hombres de campo. Marcelino me dice la receta- solo la sancochas en agua y para servir la acompañas con queso de cabra y listo a disfrutar de este mangar silvestre- con el pecho inflado recalca que es un producto del bosque, sin pesticida ni abono. 

Satisfechos, con mi bolsillo lleno de frutos de Palo Santo y con la alforja de Marcelino llena de yuca de monte, nos despedimos de nuestros arboles semilleros. 

viernes, 14 de junio de 2024

En busca del Hualtaco

 

Caminar por el bosque con un sol radiante, es la mejor experiencia que cualquiera puede disfrutar si viene al norte del Perú. Una buena botella de agua, zapatillas, sombrero y muchas ganas, eso es todo lo que se necesita.

Una salida por el Bosque Estacionalmente Seco en el caserío el Mango, distrito de Olmos, región Lambayeque, en busca del Hualtaco (Loxopterygium huasango), especie usada anteriormente para fabricar parquet (ya quedan muy pocas).

Es difícil encontrar arboles de Hualtaco cerca de la carretera así que teníamos que caminar, con Marcelino Timana, unas buenas horas. En el camino encontramos un panal de abeja y especies arbóreas como Palo Verde (Parkinsonia praecox), Algarrobos (Prosopis pallida) y Palo Santo (Bursera graveolens). Valió la pena el esfuerzo, les comparto unas fotos.


El pasto que cubre el suelo del bosque estaba empezando a secar,
la fecha era 15 de noviembre de 2023, la lluvia por causa del
fenómeno denominado Yaku, dejo buena cantidad de humedad.


Durante el trayecto Marcelino aprovechó para limpiar las lianas
de algunos algarrobos juveniles.


En el trayecto encontramos arboles de Hualtaco y Palo Santo, todos estaban
con pocas hojas. Los Hualtacos no eran rectos, estaba torcidos, quizás
eso les salvo de ser talados

Llegamos cansados pero valió la pena conocer esa zona donde hay varios arboles de Hualtaco y Palo Santo, especies que se encuentran en peligro crítico de extinción.


jueves, 4 de abril de 2024

Charán

 (Caesalpinia paipa)

Una mañana de verano comenzamos a caminar con rumbo a unos cerros por donde discurre el caudal de un río seco, que en temporada de lluvia se convierte en una zona con más agua y humedad. El sitio es pedregoso y con algunas especies forestales diferentes que ya no se encuentran en otras partes del bosque seco, porque en algún momento los talaron. 

Aquella caminata la realizamos mi sobrino Mitshue y yo; aun recuerdo el ánimo de mi acompañante por llegar al destino, la base de un cerro lejano que veíamos cada vez que nos sentábamos en la terraza de la casa. Nos animamos a iniciar esta ruta cuando faltaban pocos días para que Mitshue volviera a la ciudad de Lima. 

Y llegamos, con menos agua en las botellas, pero con muchas ganas de conocer el lugar. La especie arborea que llamó mi atención fue el charán, árbol de tronco muy grueso, de corteza áspera, agrietada en algunas partes por efecto de alguna rama arrancada o mal cortada, de fruto tipo vaina, apetecido por los rumiantes de la zona, entre ellos el caprino.

Como no podía ser de otra manera, decidimos llevar algunas semillas para propagar la especie; no habían muchas para escoger y las pocas que habían estaban muy altas, de todas formas logramos conseguir algunas. Caminamos un buen rato esperando tomar la mejor foto, buscando sombra de rato en rato, revisando la forma de algunos árboles, viendo que también hay animales en pastoreo y potreros donde les dan agua. Así, sin pensarlo pasaron un par de horas.

El camino continuaba y terminaba en el horizonte en las alturas de la sierra, podíamos seguir la caminata y comenzar a subir el cerro, nos tentaba la curiosidad pero el agua se acababa y aun teníamos que regresar, nos esperaba un reparador almuerzo, el cuerpo ya empezaba a exigirlo. Decidimos volver, las fuerzas fueron diezmando conforme el sol arreciaba al medio día. Recordándolo bien, ánimo nunca faltó, estábamos felices, hasta Mitshue casi a medio camino de retorno, con las rodillas adoloridas por el trayecto pedregoso, seguía sonriendo aunque a veces soltaba un ¡au! de dolor. La falta de experiencia de mi acompañante y el uso de unas zapatillas urbanas en vez de unas para caminata, motivaron un esfuerzo mayor por su parte.

Ya en casa, secamos las jarras de agua, había que calmar la sed; botamos los zapatos, nos quitamos todo lo que nos daba calor, y nos sentamos en la terraza para mirar nuevamente al lejano cerro, ahora con una sonrisa de ambos, teniendo la satisfacción de haber conocido un nuevo lugar donde hay varios árboles llamados Charán. No hemos conquistado el Monte Everest, pero cuando conozcan Olmos y el Caserío Santa María del Norte, sabrán de qué hablo. 

¿Recuerdan que recolectamos algunas semillas? pues les contaré que las hice germinar y las puse en terreno definitivo, el lugar donde crecerán desde ahora, su casa, y desde donde podrán diseminar sus semillas. Serán unos futuros semilleros, espero verlas con flores, no será pronto, pero verlas con el tronco ancho y dando sombra me recordará siempre una de las caminatas a la base del cerro, con mi sobrino Mitshue. Que sus semillas algún día se propaguen por el bosque estacionalmente seco del norte de nuestro país, en Olmos, Lambayeque.


viernes, 7 de febrero de 2020

El Faique



Hoy me levante temprano y sentado viendo como inicia el día recordaba cuando dejé crecer unos faiques en el jardín de mi casa en Olmos, también recordaba que María, la madre de mi esposa, olmana como ella sola, se oponía rotundamente en ceder un espacio para nuestros espinudos árboles. Los argumentos de María eran precisamente que aquellos árboles son espinudos además no sirven para nada.

Cuando me ausentaba por algún tiempo lejos de Olmos, María aprovechaba  para arrancar alguno de los faiques pequeños; a mi retorno lo primero que yo hacía era contarlos y les pedía que crezcan, claro que eso se lo decía a los que aún quedaban. Me sentía fastidiado pero solo me quedaba explicar una y otra vez las razones por las que quería que aquellos árboles adornaran mi hogar- vamos señito, no vuelva a arrancar mis arbolitos, ellos nos darán sombra, evitarán que el viento nos llegue con fuerza y producirán comida para el ganado, además yo sé cuántos faiques tenemos, siempre los cuento- creo que en algún momento una luz iluminó a María y dejó de arrancarlos.

  
Pero no solo fue mi querida suegra la que desconocía los beneficios de mis pequeños faiques, también fui motivo de bromas de algunos vecinos que al pasar por mi casa además de saludarme, como bienvenida aprovechaban para mofarse de mi locura por cultivar un árbol que sin ayuda y dedicación crecía en el campo -que haces cultivando ese faique je, je, jé… si eso crece solito en el campo, vas a llenar de espinas tu casa-. No es tan cierto que el faique crezca solo, cuando es pequeño es apreciado por el ganado y aunque hay bastante regeneración no todos prosperan, en otras palabras no todos llegan a la adultez.

Hoy cuando empecé el día me paré frente a esos hermosos faiques que adornan la parte posterior de mi casa; estaban grandes, ya pueden proteger de los rayos del sol a la tierra que cubre sus raíces, sus hojas secas sirven como abono al suelo y sus frutos; mis faiques están llenos de frutos.

Hoy  coseché unos cuantos frutos y se los enseñé a María:

  • Mire lo que puede cosechar del faique
  • Qué bien, ponlas junto con la comida de las cabras, se las van comer con gusto
  • También he podado algunas ramas, se las dejé al alcance de las cabras y se las están comiendo.
  •  ¡Sí, se las comen y no se hincan con las espinas!
  • Ya ve señora María, podemos usar el fruto y las hojas del faique para alimentar el ganado caprino.
  • Sí, qué buen árbol y eso que ni lo regamos.

Contemplando muy emocionado a mis faiques, no paraba de ver lo bien que quedaron después de una pequeña poda.

domingo, 26 de agosto de 2018

PROTEJAMOS LA REGENERACIÓN DEL ALGARROBO


Santa María del Norte es un caserío ubicado en un bosque seco, en el distrito de Olmos, provincia de Lambayeque, en la región del mismo nombre. En este lugar, como en otros caseríos norteños, están disminuyendo los árboles de algarrobo (Prosopis pallida). La crianza extensiva de cabras es una de las razones para que suceda, otra razón es el desinterés de los pobladores del lugar quienes esperan que el algarrobo crezca solo, al ser una especie autóctona, alegando que siempre ha sucedido de esa manera.

Pero qué tan difícil es que un algarrobo logre sobrevivir en cualquier caserío del norte del país.
-Es muy difícil- primero porque como indiqué líneas arriba, existe desinterés de la propia comunidad, no encuentran sentido en cuidar de un algarrobo.

Bueno, quiero aprovechar para contar la aventura que tuve con el manejo de la regeneración de algunos individuos de dicha especie. Todo empezó el 25 de febrero de 2017, cuando iniciaron las lluvias por la zona norte del país con motivo del fenómeno de El Niño; cuando germinaron algunas semillas de algarrobo, emergieron pequeños plantones cerca a los corrales del ganado caprino, quise probar la experiencia de tomar esos arbolitos de 5 cm y los llevé a un terreno donde los cuidaría y donde se inició la aventura que aquí les cuento.


En este tipo de bosque no he conocido de experiencias sobre traslado de plantones de un lugar a otro, menos con este tipo de especies. Trasladamos la regeneración que germinaba en gran cantidad en los corrales de los caprinos a otros lugares donde la población de árboles es muy baja. La primera satisfacción después de realizar dicho trabajo fue observar la sobrevivencia de esos plantones en el lugar donde fueron trasplantados.


La segunda aventura era ver si llegaban a convertirse en juveniles o si por lo menos llegaban a 150 cm de altura. Con dicho propósito, era necesario cubrir a los plantones para que, en la época donde no haya pasto, las cabras no se coman a los pequeños algarrobos.

El primer intento de protección fue rodear con leña de las podas de árboles a los pequeños algarrobos (ver las dos fotos a continuación). Se planeó hacer esto porque en época de sequía cuando todo el pasto está seco en el bosque, salvo los árboles y arbustos, los cabritos al descubrir las hojas verdes y tiernas del algarrobo buscarán cualquier forma para obtener este exquisito manjar.

Ante dicho riesgo, el tramado de palos atravesados tiene que ser complejo a fin de evitar que los cabritos puedan meter su cabeza y llegar hasta el plantón, mientras este no haya alcanzado una altura aproximada de 150 cm.

Otra alternativa que quedó en buena intención fue usar malla rashell con 50% de sombra. Como podrán ver en la foto siguiente todo quedó en intención, los cabritos le hicieron unos agujeros por donde llegaron al pequeño algarrobo. Debo aclarar que este plantón aun sigue vivo pero maltrecho.


Con esto quiero señalar que aunque sea algo complicado el manejo de la regeneración de algarrobos, es una labor que los comuneros deberían realizar ya que los árboles le proporcionan sombra al ganado, frutos con alto contenido nutricional para el ganado o consumo propio, humedad para el suelo, entre otros tantos beneficios ambientales.

Debe tenerse en cuenta que las lluvias se están dando en buena cantidad en estos últimos años por efecto del cambio climático, lo que se convierte en una oportunidad para la sobrevivencia de estos árboles y mas aun sabiendo que en el 2019 ya se está pronosticando un posible fenómeno El Niño.

domingo, 22 de julio de 2018

Visitando la Comunidad Wee


Desde la avioneta que se preparaba para aterrizar podíamos ver el bosque de palmeras que cubría gran parte de la superficie de la Provincia Datem del Marañon, observándose que se encontraba en suelos inundables debido a que casi todo el terreno estaba cubierto de agua, quizá porque estábamos en temporada de lluvias (mayo, 2018). Y pensar que el trabajo consistiría en caminar por esos terrenos llenos de palmeras y cubiertos de agua. Esta vez sí me preocupé, parecía sería un trabajo difícil, no conocía ese bosque y pocas veces había estado en un lugar tan inundado, pero bueno, teníamos trabajo que hacer y se tenía que realizar.

Cuando conocí al apu[1] de la comunidad Wee, me pareció una persona muy joven para el cargo, aun no sé qué edad tiene, olvidé preguntárselo. Él me puso al tanto de su comunidad me habló muy bien de su territorio, de las aproximadamente diez mil hectáreas que ellos poseen y donde solo viven unas doce familias. Tanto terreno es difícil de poder vigilar, razón por la cual miembros de otras comunidades vienen y cazan en exceso (para vender en algún mercado) o pescan usando barbasco (planta del bosque que al picarla y tirarla a la quebrada mata todo tipo de peces, grandes y pequeños).


Cuando me embarqué en el pequeño peque-peque rumbo a la comunidad Wee (tenía que ser un peque-peque pequeño porque iríamos contracorriente y esa es la mejor manera de avanzar a mayor velocidad), no pensé que durante todo el trayecto estaríamos cubiertos por una lluvia persistente, que solo calmaría en algunos tramos como dándonos tregua para acomodarnos bien, pero igual estaba feliz de volver nuevamente al monte, llegar mojado no me pareció un castigo sino una bendición, una bienvenida muy húmeda que me hizo olvidar lo que vendría en los días siguientes. 

Wee traducido al castellano significa Sal. Resulta que hace muchos años los pobladores de una comunidad durante sus recorridos para mitallar (cazar) encontraron una pequeña beta de sal en la cuenca alta donde nace la quebrada Cangasa. De acuerdo a la historia que cuenta el apu, fue un gran descubrimiento y en honor a ese hallazgo nombraron Wee a dicho territorio donde se formaría esta nueva comunidad.

La comunidad Wee tiene algunas áreas con palmeras denominadas ungurahui (Oenocarpus bataua) que producen unos frutos violaceos comestibles ricos en aceite; se trata de una especie dioica, quiere decir que algunos individuos son machos y otros hembras, (existen especies donde un individuo es macho y hembra a la vez). El ungurahui es muy apreciado por los pobladores locales porque forma parte de su dieta, pero como el fruto crece a mucha altura y es difícil poder trepar hasta la copa de las palmeras para alcanzarlo, la mejor alternativa que conocían era la tala. De esa manera se ha estado reduciendo la población de hembras y como consecuencia la producción de frutos.

Del ungurahui se puede extraer un aceite de calidad que luego es utilizado por la industria cosmética. La tarea era saber cuánto de este fruto se puede extraer del bosque y cuál es la cantidad de palmeras que tiene la comunidad; para eso había llegado, para ayudarles a realizar un censo de esas palmeras y saber cuánto fruto pueden producir. En la comunidad se formaría una brigada que trabajaría realizando el censo de palmeras a mi lado y estaría compuesta por cinco personas, todos pobladores de Wee.



La brigada que realizaría el censo estaba formada por Eleazar, Cornelio, Lino, Eduardo y Never. Eleazar un hombre mayor de mucha experiencia, alegre y muy paciente; Cornelio era joven con ganas de aprender y trabajar, noté que para él no había trabajo pequeño, le encomendé la misión de ser el brujulero (llevar la brújula y hacer la trocha por donde andaríamos los demás miembros de la brigada) y vaya que lo hizo con mucho empeño; Lino también joven, pero con un espíritu aventurero, quería conocer otros sitios y contaba con mucho orgullo los lugares que conocía, que alguna vez dejó su comunidad para conocer nuevos bosques y que llegó hasta la capital Lima; Eduardo por su parte era tranquilo, siempre sonreía y era de pocas palabras conmigo, pero con sus amigos no desaprovechaba oportunidad en la que pudiera hacerles una broma; Never era el de las excusas, el que llegaba tarde por alguna razón, lo peor era que atrasaba a todo el equipo porque él conducía el peque-peque.

-"Never qué pasó hoy, por qué tan tarde
-La lluvia inge, no me dejó salir
-Pero si todos lo días llueve igual y así salimos a campo
-Pero hoy ha llovido mas fuerte ..."

Realizar el censo y saber cuál es el potencial de frutos de ungurahui con el que cuenta la comunidad es una buena alternativa para que, con apoyo de terceros, creen su propia empresa y generen trabajo e ingresos económicos pero de manera sostenible. El proyecto contempla la capacitación en técnicas para trepar hasta la copa de la palmera para cosechar los frutos sin necesidad de tumbarla, me pareció una gran iniciativa, espero que todo resulte bien y se logren los acuerdos con aquellas empresas que requieran del aceite de ungurahui.

Después de unos días de estar en la comunidad y haber conocido algo de ellos y de los recursos naturales que les brinda su bosque, llegó la hora de despedirse, Wee es un lugar muy hermoso, los días quedan cortos para conocer todo su bosque. Por suerte para los viajantes, la noche del día anterior se desató una lluvia que no paró hasta las 10 a.m del día siguiente, eso provocó la crecida de la quebrada y facilitó la navegación en cualquier rumbo. Gracias Dios por llevarme a tan maravilloso lugar.





[1] Apu es el título que recibe la persona con la más alta jerarquía dentro de una comunidad nativa en esta zona de la amazonia.

lunes, 23 de mayo de 2016

EL BOSQUE SECO DE OLMOS

Cuando uno viaja a Olmos para visitar el bosque seco, aquella zona de vida cubierta por las especies arbóreas: algarrobo, sapote, overo y faique, entre las principales, uno puede disfrutar de ese hermoso ecosistema y no se puede imaginar cómo hace para sobrevivir ante la constante intervención humana como la tala para producción de carbón, el pastoreo de ovinos, caprinos, equinos y bovinos,  además del avance de la agricultura que elimina los árboles y arbustos protectores del suelo. Al margen de ello, cualquier visitante puede quedar maravillado si visita este lugar entre los meses de diciembre y marzo.

Sucede que en diciembre el bosque se encuentra completamente seco, se puede ver el suelo árido solo cubierto por algunos árboles que cada vez están más distantes entre ellos, el soto bosque y el pasto que cubría  gran parte del terreno ya fue consumido por el ganado de los lugareños  o simplemente se ha secado. Sin embargo, desde el mes de enero también empieza la cuenta regresiva en espera de la llegada de las precipitaciones, hay que empezar a cruzar los dedos y pedirle silenciosamente al altísimo que derrame buen volumen de lluvia, y si no fuera mucho pedir, que sea distribuido en varios días, para que el bosque deje de estar seco.

Cuando pregunto a algunos amigos de los caseríos El Porvenir, La Victoria y El Mango, qué tal fue este año 2016 en términos de precipitación, me dicen que fue bueno. Pero cómo puede ser bueno si solo fueron seis días de lluvia; créanlo o no, es suficiente para que el bosque rejuvenezca, no habrán sido intensas pero mojaron y la humedad llegó a los 80 centímetros  de profundidad del suelo, es una medida que los lugareños usan como indicador de calidad de precipitación.

Con los seis días de lluvia se puede ver que el bosque ha reverdecido nuevamente, la energía  latente en las semillas de los pastos que estaban regadas por los suelos del bosque ha sido activada con las pequeñas gotas de agua que van cayendo del cielo.  Y comienza un nuevo ciclo de vida en el bosque hasta las lluvias del siguiente año, si Dios así lo quiere.

El bosque es sinónimo de agua y el agua es vida, reducirlo o cambiar su capacidad de uso significaría un avance de la desertificación y por ende una pérdida de suelo. El manejo de la regeneración de las especies arbóreas  sería una buena alternativa para recuperar la cobertura forestal que se está perdiendo.

Si se protegiera con cercos individuales a cada uno de los pequeños arbolitos que han germinado de manera natural este año, después de las lluvias, ayudaría a mejorar la sobrevivencia de la población de los principales árboles de este ecosistema.